¿Cómo de París si estamos hablando de La Habana?
Sí amigos, de París y de La Habana.
Bueno, de París en su fabulosa mente trastornada, y de La Habana, por su magnífica impronta dejada en mi generación.
Si hablamos de José María López Lledín, muchos se encogerán de hombros y no tendrán ni idea de quién estamos hablando. Pero si decimos "Caballero de París", a nuestras mentes vendrán todos esos recuerdos de un anciano que se paraba en las esquinas a conversar con los niños, y no tan niños, sobre idílicas historias de caballeros y excelencias de la ciudad del amor.
Su historia comienza en la década de los 40 en una habana inundada por los coches de la época, luces de neón y vidrieras resplandecientes. Este caballero proveniente de Lugo, España, lucía una capa negra como vestimenta hasta en los peores veranos habaneros; su equipaje lo conformaban revistas y periódicos viejos .
Más acá en el tiempo, por el año 1968 aproximadamente, recuerdo una vez verme jugando a las "bolas" con mis amigos del barrio en la calle Amargura de La Habana Vieja donde nací y me crié; esquivando las viejas guaguas "Leyland" de mi época para poder tirar de acera a acera nuestras bolas de vidrio; alguien llegó, se acercó a nosotros y cautivó la atención de todos con aquellas vestimentas raídas, ademanes e historias fantásticas que igualaban a la de mi maestra de 4º grado de primaria en los recesos de mediodía.
Otra vez fue en la esquina de San Lázaro e Infanta; cola de pizzería: soportando la desesperación de la indolencia gastronómica llegó su eminencia con esa dignidad conseguida a base de vida deambulante sin pedir nada a cambio de contar. José María nos convirtió aquel infinito tiempo de espera en un momento de jolgorio con el Caballero de París.
La 3ª vez que tuve la suerte histórica de verlo fue a la entrada del Hospital de Emergencias. Ya su salud se había deteriorado mucho a causa de su edad y de la vida de leyenda que llevó. No lo vi más.
Pasó el tiempo y un día en el NTV de la TV cubana se trasmitía la noticia de su fallecimiento en el Hospital Psiquiátrico de La Habana.
Como yo, hay cientos de habaneros que en su memoria guardan recuerdos de este español, que se convirtió en caballero de la ciudad de la luz y fue inmortalizado por La Habana.
Sirva este comentario para que su recuerdo se mantenga vivo en nuestras mentes, no solo en su estatua de la Plaza de San Francisco sino en la mente de todos los habaneros que un día viajamos a París por medio de sus relatos.
